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Adrián del Cerro
Adrián del Cerro
, religioso de la Orden de San Juan de Dios, conocido como el Hermano Adrián. Nació en Retamoso de la Jara (Toledo) en 1923, pero desde 1962 ha ejercido su acción solidaria de amor, de entrega, de sacrificio, de virtud, de trabajo y de santidad en Jerez.

Familia
Fue el quinto de los seis hijos de un honrado labrador llamado Dionisio del Cerro. A los cuatros años de edad falleció su madre. Adrián tuvo la suerte de poder contar con el cariño y los cuidados de otras dos mujeres: el de su hermana mayor, Antonia, y el de su prima Eufemia. El las recuerda como las personas que más amó.
Formación
Desde muy temprana edad, Adrián tuvo que ayudar a su padre en las tareas del campo: labrar, dar de comer a los animales, cosechar etc. Su padre, fiel cristiano, tenía en su humilde casa una Biblia, y cada noche les leía a sus hijos algún pasaje antes de ir a la cama.Cursó la primera enseñanza en una escuela unitaria que había en su pueblo atendida por un solo maestro. Después de realizar en Madrid el servicio militar, en 1950 ingresó en el noviciado de la Orden de San Juan de Dios en Ciempozuelos (Madrid).
Fraile
En 1952, en una ceremonia solemne celebrada en la iglesia del propio hospital de Ciempozuelos, Adrián hizo sus votos temporales de pobreza, obediencia, castidad y hospitalidad.
Jerez
Una vez que era fraile el Prior le comunicó que iba a ser enviado a su nuevo destino, concretamente a Jerez de la Frontera, al Sanatorio de Santa Rosalía. Cinco años pasó en Jerez cuidando a los niños enfermos del Sanatorio y ayudando al hermano Domingo a recaudar fondos y víveres para el sostenimiento de dicho centro.
Madrid
En 1957 su Prior le comunicó que tenía un nuevo destino: la clínica de Ntra Sra. De la Paz en Madrid. Poco tiempo permanecería allí, ya que al cabo de un año fue destinado a Ciempozuelos, esta vez como vice-prior.
De nuevo Jerez
En 1962, el Prior Provincial llamó al hermano Adrián y le preguntó: ¿Dónde quiere Vd. que le mandemos? A lo que él responde sin vacilar: A Jerez si puede ser. Pues ese será su nuevo destino, dijo el Prior. Y en Jerez se quedaría ya para siempre.
Trabajo solidario
Desde que llegó a Jerez trabajó sin descanso, para llevar al Sanatorio de Santa Rosalía, los recursos necesarios para atender y ayudar a sanar a tantos y pequeños víctimas de la poliomielitis y la tuberculosis que hubo en tiempos pasados. Con el paso del tiempo estas enfermedades fueron afortunadamente superadas y desterradas.
Hospital Juan Grande
En un afán de superación y adaptación a los nuevos tiempos, el Sanatorio se convirtió en el Hospital Juan Grande, estableciendo conciertos con la Seguridad Social para la atención preferente de ancianos.Desde ese cambio de tareas la labor del Hermano Adrián continuó incansable. Eran ahora los pobres, los marginados, los que no tenían nada quienes necesitaban su ayuda, quienes cada viernes por la tarde acudían a él con el ánimo de poder cubrir sus más perentorias necesidades.
Limosnero
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Busto del Hermano Adrián del Cerro de la orden hospitalaria de San Juan de Dios realizado, por el Doctor D. Esteban Cosano Foto: http://www.jerezsiempre.com/

El Hermano Adrián vestido con el hábito negro de la Orden de San Juan de Dios, cartera en mano y siempre tocado con su inseparable boina, recorría cada día las calles y plazas de Jerez así como de todos los pueblos de la comarca y del norte de África, tal como cinco siglos antes lo hiciera aquel santo llamado Juan Grande. En busca de las limosnas que pudiese conseguir para los pobres que para él nunca tuvieron color, raza ni religión.
Enfermedades
Con la edad avanzada sufrió caídas inoportunas que le supusieron fractura de cadera, fractura de costilla, fractura de vértebras, pero nada en absoluto le impedía seguir en su labor. En varias ocasiones enfermó con diversas y graves afecciones respiratorias, pero ni los consejos de los médicos, para que se retirase, le impidieron continuar en su tarea.
Resumen
La vida de este pequeño gran hombre y lo que ha hecho por los demás a lo largo de su dilatada vida es imposible resumir en una reseña biográfica como esta. Sobre todo porque lo que sabemos es solamente la pequeña punta de un enorme iceberg. El resto de sus acciones, que presumimos heroicas, solamente Dios lo sabe y quizá algún día lo tengamos en nuestros altares. Porque en su larga vida solamente ha habido una única obsesión: entregarse a los demás, ayudar al prójimo, visitar al enfermo, consolar al que sufre.
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A sus 92 años vive retirado en la residencia geriátrica de los Hermanos de San Juan de Dios en Jerez siendo objeto de cariño y veneración.
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Fuente
Mariscal Trujillo A., Hermano Adrián, limosnero de Dios. Editorial: Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Granada 2012.
Editor: Feliciano Robles